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CRONOLOGIA DE BOLIVAR

Prólogo:

Simón Bolívar, lo hemos estudiado como por diversas aspectos de su vida, como su campaña libertadora, Bolívar como Reformador Social, Bolívar como Libertador y Bolívar en la Educación; pero en este caso Bolívar va a ser estudiado desde su nacimiento hasta su muerte; es decir, desde 1783 hasta 1830 queriéndonos decir que en este informe se encontraran 47 años, 47 años de vida de uno de los seres humanos más importantes que ha habido en toda la historia de la humanidad.

Hay que notar que toda su vida no estuvo centrada en el proceso de Libertador, Político, etc., sino que su vida se divide en periodos; tales como su juventud que se puede tomar desde 1783 hasta 1799, en donde se centra mas en su proceso de formación cultural, algunos viajes y otras acciones importantes para la vida, luego encontraremos otro periodo de tiempo que se encuentra desde 1799 hasta 1811, en donde ya comienza su edad adulta, aunque no entra directamente en la política, ni en el proceso de libertad, ocurren hechos de importancia tanto para Bolívar como para toda Venezuela; mientras que un tercer periodo que se encuentra desde 1811, en donde comienza con su participación directa en la Declaración de la Independencia hasta su muerte la cual esperaría en Santa Marta, Colombia, ya para 1830.

Aunque la vida de Bolívar fue relativamente corta (47 años), fue mas que suficiente para poder ser un ser humano para seguir ejemplo, suficiente para llenar de palabras libros y libros dedicados a la vida de Bolívar, y también suficiente para que haya escrito, firmado y hecho tantos discursos, decretos, lecturas, manifiestos y otros documentos de importancia para la nación venezolana y la región andina.

Toda explicación cronológica comienza por el nacimiento de la persona a quien se va a hablar –en este caso es Simón Bolívar- y termina por supuesto el día de su muerte, a continuación se muestra:

1ª Parte (1783 – 1799):

El hombre que hoy, con toda justicia, es conocido en el mundo entero como el Libertador, nació en Caracas el 24 de julio de 1783. Su ciudad natal, capital entonces de la Capitanía General de Venezuela, provincia del Imperio Español, El recién nacido, cuarto vástago del matrimonio formado por el coronel Juan Vicente Bolívar Ponte y doña María de la Concepción Palacios Blanco, criollos ambos, fue bautizado en la Catedral con los nombres de Simón José Antonio de la Santísima Trinidad. Pero la historia lo llama Simón Bolívar, el Libertador. Su ejemplo, su acción, su pensamiento - su legado, en suma - están más vigentes que nunca. Pues él actuó, sintió, reflexionó y escribió para su época, y también para la posteridad.

Alrededor de 1790 la señora Bolívar, con sus hijos María Antonia, Juana, Juan Vicente, Simón, con otros parientes y amistades, iba de paseo a sus haciendas, especialmente a la de San Mateo, en los valles de Aragua. La serena belleza del paisaje tropical despertaría entonces en Simón el amor a la naturaleza que nunca dejó de sentir y que expresó más tarde, ya adulto, en sus decretos conservasionistas.

El encanto se quebró el 6 de julio de 1792, al morir su madre, probablemente de tisis, en Caracas. Los Bolívar-Palacios quedaron huérfanos. Las dos hijas, aunque muy jóvenes, no tardaron en casarse. El abuelo materno, don Feliciano, fue tutor de Simón, quien contaba 9 años.

Al cumplir 12 años, el niño, en ausencia del tutor, se fugó de su casa y fue a buscar calor de hogar en la de su hermana María Antonia y su esposo. Esto suscitó un pleito, que terminó cuando Bolívar, a pesar de su resistencia, fue conducido, en calidad de interno, a la casa de su maestro Simón Rodríguez.

En estas circunstancias, Rodríguez logró ganarse la confianza y se convirtió desde entonces en "El Maestro" de Bolívar. Entre ellos, durante esos pocos meses de 1795, se anudaron estrechos lazos de simpatía, que no cesarían sino con la muerte.

2ª Parte (1799 – 1810):

En 1799 viajó por primera vez a España, visitando de paso Veracruz y Ciudad de México y haciendo una corta escala en la Habana. En Madrid, bajo la dirección de sus tíos Esteban y Pedro Palacios y del sabio Marqués de Ustáriz, su mentor intelectual, Simón perfeccionó sus conocimientos literarios y científicos (el francés, la historia, las matemáticas, etc.) y su educación de hombre de mundo con la esgrima y el baile. La frecuentación de tertulias y salones en la corte pulió su espíritu, enriqueció su idioma y le dio mayor aplomo.

Conoció a María Teresa Rodríguez del Toro y Alaiza, joven española con antepasados venezolanos, de la cual se enamoró. "Amable hechizo del alma mía", le decía en sus cartas. Pensaba en construir un hogar, tener descendencia y volver a Venezuela para atender al fomento de sus propiedades.

Pero hubo un compás de espera: en la primavera de 1801, viajó a Bilbao, donde permaneció casi todo el resto del año. Hizo luego un breve recorrido por Francia que le condujo a París y Amiens. Le encantó ese país, su cultura y su gente. En mayo de 1802, estaba de nuevo en Madrid, donde contrajo matrimonio, el día 26, con María Teresa. Los jóvenes esposos viajaron a Venezuela, donde llegaron en julio; pero poco duró la felicidad de Simón. María Teresa murió en enero de 1803.

El joven viudo regresó a Europa a fines de ese mismo año, pasó por Cádiz y Madrid, y se estableció en París desde la primavera de 1804.

Se encontró en Francia con su maestro Simón Rodríguez, un excelente compañero para la aventura intelectual, para la lectura y la discusión. Una misma pasión de saber y libertad les poseía. Juntos viajaron a Italia en 1805. Hicieron parte del recorrido a pie, al cruzar los Alpes. En Roma, un día de agosto de 1805, subieron a la cima del Monte Sacro, donde Bolívar, en tono solemne, juró no dar descanso a su alma ni reposo a su brazo hasta lograr que Hispanoamérica fuese libre del dominio español. Fue un hermoso gesto romántico, pero no sólo un gesto, pues Bolívar cumplió luego su juramento. Por eso es el Libertador: porque prometió... y cumplió su promesa.

Tras una visita a Nápoles, Bolívar regresa a París donde a comienzos de 1806 se afilia por breve tiempo a la masonería. A fines de ese mismo año se embarca en Hamburgo en un buque neutral que toca Charleston en enero de 1807; recorre una parte de los Estados Unidos, y regresa a Venezuela a mediados del mismo año. Durante su permanencia en la República del Norte - según lo declaró más tarde - vio por primera vez en su vida el ejercicio de la "libertad racional".

Desde mediados de 1807 hasta comienzos de 1810, permaneció en Caracas y en sus haciendas, atendiendo al fomento de las propiedades que había heredado de sus padres.

3ª Parte (1810 – 1830):

El momento llegó cuando el 19 de abril de 1810 se inició en Caracas la revolución de la independencia. Bolívar ascendido a coronel, fue comisionado por la Junta de Caracas, junto con Luis López Méndez y Andrés Bello, para viajar a Londres, y exponer ante el gobierno británico los deseos de Venezuela, que eran los de mantenerse por lo menos en autonomía respecto al gobierno que en España había tomado el mando luego de haber sido apresado el rey Fernando VII por Napoleón. Bolívar, en su fuero interno, iba más lejos, pues aspiraba a la independencia total. De todos modos, los gobernantes ingleses guardaron una prudente reserva. En Londres, donde permaneció dos meses, Bolívar - que contó con el entusiasta y franco apoyo de Miranda - pudo apreciar el funcionamiento práctico de las instituciones en el equilibrado sistema político británico.

A fines de aquel mismo año, Bolívar estaba de regreso. Poco después, llegó Miranda a su patria. Como miembro prominente de la Sociedad Patriótica, Club Revolucionario, Bolívar fue uno de los más decididos partidarios de que el Congreso declarase la independencia. Después del 5 de julio de 1811, combatió bajo las órdenes del general Miranda para someter a los realistas que se habían alzado en Valencia. El 23 de julio de 1811 recibió Bolívar su "bautismo de fuego", es decir, peleó por primera vez.

El 26 de marzo de 1812, cuando un terremoto causa grandes daños materiales y muchísimas pérdidas de vidas en Caracas y en otras poblaciones, Bolívar, en la plaza de San Jacinto, sobre un montón de ruinas, lanza su conocida exclamación: "Si se opone la naturaleza a nuestros designios lucharemos contra ella y la haremos que nos obedezca". Es la actitud de un hombre que no se rinde, que no desmaya nunca, cualesquiera que sean las dificultades que encuentra en su camino; es, también, un intento para contrarrestar el desaliento y el terror que se han apoderado de muchos republicanos ante tan tremenda catástrofe.

Siendo comandante de la plaza de Puerto Cabello, no pudo impedir, a pesar de sus esfuerzos, que cayese en manos de los realistas debido a una traición. Bolívar vio allí como sus propios soldados se pasaban a los españoles y tuvo que huir con un puño de oficiales fieles. Fue un golpe durísimo para él. Semanas después, la primera República de Venezuela se extinguió. En la Guaira, un grupo de oficiales jóvenes, entre los cuales figuraba Bolívar, deseosos de continuar luchando, arrestaron al infortunado Precursor Miranda; Pero todo resultó inútil.

De allí pasó a Cartagena de Indias, donde el 15 de diciembre de 1812 publicó un manifiesto en el cual expuso ya las ideas principales que guiarían su acción en los años próximos: la unidad de mando para luchar hasta conseguir la victoria, y la unión de todos los países hispanoamericanos para lograr y consolidar la independencia y la libertad. Esos principios son claros y sencillos.

Poco después, transforma sus palabras en hechos. A la cabeza de un pequeño ejército limpia de enemigos los márgenes del río Magdalena, toma en febrero de 1813 la Villa de Cúcuta e inicia en mayo la liberación de Venezuela.

La serie de combates y de hábiles maniobras que en tres meses le condujeron vencedor desde la frontera del Táchira hasta Caracas, donde entró el 6 de agosto, merecen en verdad el nombre de Campaña Admirable. A su paso por Trujillo, el 15 de junio, había dictado el Decreto de Guerra a Muerte, con el objeto de afirmar el sentimiento nacional de los venezolanos y lograr una mayor cohesión.

Poco antes, en la ciudad de Mérida, los pueblos le habían aclamado Libertador, título que le confieren solemnemente, en octubre de 1813, la Municipalidad y el pueblo de Caracas, y con el cual ha pasado a la Historia.

El período que va de agosto de 1813 a julio de 1814 (La Segunda República) es en verdad el Año Terrible de la Historia de Venezuela. La Guerra a Muerte hace furor, y los combates y batallas indecisos, afortunados o perdidos se suceden unos a otros con gran rapidez. Bolívar se defiende tenazmente en el campo atrincherado de San Mateo, y está en todas partes. Entre batalla y batalla, solicita el apoyo de los próceres civiles para restaurar las instituciones, expide proclamas y decretos, redacta artículos para la Gaceta de Caracas.

Pero finalmente los realistas mandados, por el audaz e infatigable Boves, derrotan en la Puerta, en junio de 1814, a Bolívar y Mariño. La Segunda República está herida de muerte. Los patriotas tienen que abandonar Caracas. Una gran emigración, pueblo y ejército unidos, se dirige hacia Barcelona y Cumaná. Los republicanos sufren una derrota en Aragua de Barcelona.

En Carúpano, Bolívar y Mariño ven desconocida su autoridad por sus propios compañeros de armas. Después de lanzar un manifiesto en el cual se reconoce los reveses sufridos, analiza las causas y reitera su confianza en la victoria final, el Libertador se traslada a la Nueva Granada, donde halla por segunda vez fraterno asilo. Allí interviene, con varia suerte, en las luchas políticas internas, buscando siempre el fortalecimiento de la unidad. En mayo de 1815, para evitar una enconada guerra civil, abandona el mando y marcha a la colonia británica de Jamaica. Entre tanto, una poderosa escuadra y un aguerrido ejército español, al mando del General Pablo Morillo, llegan a Venezuela. La causa de la Independencia parece perdida.

En Jamaica permanecerá Bolívar hasta diciembre de 1815. Allí escribe su célebre Carta de Jamaica, donde el análisis del pasado y presente de Hispanoamérica le permite considerar el porvenir con esperanza.

Después de haberse librado milagrosamente en Kingston de un intento de asesinato por un criado suyo sobornado, el Libertador se dirige a la República de Haití, donde obtiene generoso apoyo del Presidente Alejandro Petión. Gracias a él, sale de aquella isla la expedición de Los Cayos, que toca en Margarita, y luego en Carúpano y Ocumare de la Costa. En esos lugares proclama la emancipación de los esclavos, pues está convencido de que un país que combate por la libertad no puede albergar en su seno el cáncer social de la esclavitud. Sin embargo, las circunstancias económico-sociales hacen inútiles estos y otros esfuerzos suyos en tal sentido.

Separado en Ocumare del grueso de sus fuerzas, Bolívar está a punto de caer prisionero, y decide suicidarse antes de sufrir tal ignominia; por fortuna, el mulato Bideau lo salva y lo conduce a bordo de un buque. Regresa a Haití, donde obtiene nuevamente la ayuda del Presidente Petión y logra a fines de 1816 volver a Margarita y pasar de allí a Barcelona, en enero de 1817.

Su objetivo es ahora la liberación de Guayana, a fin de convertirla en la base de las próximas ofensivas republicanas y en el punto de contacto con el exterior a través del río Orinoco. En junio, la capital, Angostura (hoy ciudad Bolívar), cae en poder de los patriotas. Allí se organiza el gobierno con Bolívar como Jefe Supremo. A la vez que combate contra los españoles, Bolívar ha de enfrentarse a la anarquía; en octubre de 1817 se produce el fusilamiento del general Piar, condenado a muerte por un Consejo de Guerra. Por esos días, en 1818, la campaña del centro, feliz al principio, casi logra la libertad a Caracas pero termina sin alcanzar sus objetivos.

En medio de la guerra, Bolívar se preocupa por organizar el Estado de Derecho, y convoca a un Congreso, que reúne en Angostura el 15 de febrero de 1819.

El Libertador pronuncia, al inaugurarlo, un discurso donde está condensado lo esencial de su pensamiento social y político-constitucional. Les presenta un proyecto de Constitución y les pide que para moralizar a la sociedad adopten el Poder Moral elaborado por él. Pero respetuoso de la autonomía del Congreso, acepta su decisión de no tomar en consideración el Poder Moral, porque la mayoría lo ve como demasiado perfecto y utópico y otros le consideran peor que la Inquisición.

A mediados de 1819 el ejército republicano, con Bolívar a la cabeza, atraviesa los Andes, derrota el ejército realista de la Nueva Granada en el Pantano de Vargas y en Boyacá, y entra triunfante en la ciudad de Bogotá. En diciembre de 1819, a instancias de Bolívar, el Congreso de Angostura crea la República de Colombia, que comprendía a las actuales naciones de Venezuela, Colombia, Panamá y Ecuador.

En 1820, tras arduas negociaciones, un armisticio y un tratado de regularización de la guerra son firmados en Trujillo por Bolívar y el General Morillo, quienes se entrevistan y abrazan en el pueblo de Santa Ana el 27 de noviembre. Estos tratados significan a la vez el fin de la Guerra a Muerte y el reconocimiento tácito de la Gran Colombia por el Gobierno de Fernando VII, dominado entonces por el partido liberal.

Pero la paz no resulta duradera. En 1821, se inician de nuevo hostilidades, y el 24 de junio se da en la sabana de Carabobo la batalla decisiva para la independencia de Venezuela, que será completada, en 1823, por la batalla naval del Lago de Maracaibo. Después de Carabobo, Bolívar es recibido en triunfo en su ciudad natal, pero él vuelve ya la vista hacia el Ecuador, que todavía dominan en gran parte los españoles. Como única recompensa para él y para el ejército por la victoria de Carabobo, pide de nuevo la libertad a los esclavos.

En 1822, el general Sucre marcha hacia Quito desde Guayaquil, que se había sublevado antes contra los realistas, mientras Bolívar ataca desde Popayán por el norte. La batalla de Bomboná, dada por Bolívar en abril de aquel año, quebranta la resistencia de los terribles pastusos, defensores acérrimos del rey, mientras que la acción liberadora de Pichincha, ganada por Sucre el 24 de mayo, da la libertad definitiva al Ecuador. Bolívar entra semanas después en Quito, donde halla el gran amor de su edad madura, la quiteña Manuela Saénz, justicieramente llamada "la libertadora del Libertador" porque le salvó la vida en dramáticas circunstancias años más tarde.

El 11 de julio, Bolívar se halla en Guayaquil, en donde desembarca el día 25 el general José de San Martín, procedente del Perú. Allí se abrazan y se entrevistan los dos ilustres capitanes de la Independencia Suramericana. Lo que conferenciaron en privado, consta en los documentos auténticos emanados de Bolívar y de su Secretaría General. El objetivo principal del general San Martín, que era negociar sobre el destino futuro de Guayaquil, no pudo realizarse, puesto que la Provincia se había incorporado ya a la República de la Gran Colombia.

Los últimos meses del año 1822 y la primera mitad del siguiente los pasó Bolívar en el Ecuador, recorriendo el país, de Guayaquil a Cuenca, de Loja a Quito y de allí a Pasto, en el sur de la Nueva Granada, donde los campesinos partidarios del rey se habían alzado nuevamente en armas y fue necesario someterlos; y de nuevo volvió al sur del Ecuador, a Guayaquil. Durante uno de esos viajes recordando con admiración la impresionante mole del Chimborazo, redactó probablemente en la ciudad de Loja, hacia octubre de 1822, su conocida página literaria "Mi delirio sobre el Chimborazo".

En 1823, el Congreso del Perú llama al Libertador en su auxilio, pues los republicanos están divididos y un potente ejército realista amenaza con destruir la obra que había iniciado San Martín. Bolívar desembarca en El Callao en septiembre de 1823, y pasa de inmediato a Lima, donde al poco tiempo el Congreso le concede poderes extraordinarios. Investido del carácter de Dictador, para salvar al Perú, (como en la antigua República Romana),

Bolívar concentra todas sus energías en este objeto, del cual es una excelente síntesis su exclamación de Pativilca en enero de 1824. Bolívar enfrenta todas las dificultades, las penurias, las traiciones y decepciones, y supera también la enfermedad que mina su propio organismo.

En agosto de 1824, la victoria de Junín, tremendo choque de caballería, inclina la balanza del poder hacia la causa republicana. En diciembre, la batalla de Ayacucho, ganada por el más destacado de los generales del Ejército Republicano, Antonio José de Sucre, pone fin a la Guerra de Independencia. Ha concluido la etapa militar y ha llegado la hora de la reorganización política y social de los nuevos Estado, para fortalecer la unidad, y con la paz, alcanzar el progreso.

En vísperas de Ayacucho, el 7 de diciembre de 1824, Bolívar había convocado desde Lima el Congreso de Panamá (el cual se reunió en 1826), para que las naciones hispanoamericanas se unieran y fijasen una posición común frente a las grandes potencias del mundo y ante España, que quería continuar la lucha.

En 1825 el Libertador visita Arequipa, el Cuzco y las provincias que entonces llamadas el Alto Perú. Estas se constituyen en nación independiente, y lo hacen bajo la protección del Libertador, en cuyo nombre se inspira la nueva República: Bolivia. Para ella redacta un proyecto de Constitución, que considera también aplicable en líneas generales a los demás países que su espada liberó.

Es aquel el momento de máximo esplendor la carrera del Libertador. A su paso por la aldea de Pucará, en el Perú, un abogado de origen incaico, José Domingo Choquehuanca, le había dirigido una arenga profética el 2 de agosto de 1825 que concluía así: "Con los siglos crecerá vuestra gloria como crece la sombra cuando el sol declina". Hasta el Potosí fueron a buscarle en octubre de aquel mismo año los agentes diplomáticos de Buenos Aires, a fin de solicitar su apoyo en el conflicto bélico que enfrentaba al Río de la Plata con el Imperio del Brasil. Bolívar había cumplido apenas 43 años. El 26 de octubre de 1825 ascendió hasta la cima del cerro del Potosí, tesoro de España en América, y desde allí lanzó una vibrante proclama que era como la culminación de todo lo que había ofrecido desde su juramento en Roma, hecho 20 años antes, y ratificado luego tantas veces, en las playas de Barcelona, en las selvas de Guayana... Él sabía a dónde quería ir, y llegó allí, al sitio de su máxima glorificación. El Nuevo Mundo antes español era libre. En un gesto simbólico, por aquellos mismos días, Bolívar se afeitó definitivamente su poblado bigote.

En abril de 1826, una revolución acaudillada por el general Paéz, la Cosiata, había estallado en Venezuela. Bolívar regresa de ese año al suelo natal por la vía de Bogotá y logra restablecer la paz, evitando los horrores de la guerra civil, en enero de 1827.

Durante los seis primeros meses de 1827, que Bolívar pasó en su ciudad natal, no sólo logró establecer la paz y la armonía al detener la marcha hacia la guerra civil, restaurando al mismo tiempo el sentido de la autoridad y el orden público, sino que se enfrentó también a la tremenda crisis económica que entonces atravesaba Venezuela, consecuencia de la bancarrota de unos bancos ingleses donde estaban depositados parte de los fondos del Estado Gran Colombiano, y de una crisis económica mundial. Se esforzó por poner orden en la hacienda pública, lograr que los deudores pagasen lo que debían al gobierno, y combatir la corrupción, en lo cual tuvo dos muy eficaces colaboradores en Cristóbal Mendoza y José Rafael Revenga. Junto con este último y con el Dr. José María Vargas, eminente médico venezolano, quien fue nombrado Rector de la Universidad de Caracas, se renovó las estructuras de esta institución, transformándola de colonial a republicana, y abriéndola a todos los jóvenes deseosos y capaces de estudiar.

Pero las fuerzas de la disociación predominan sobre la tendencia hacia la unidad; las mayorías se dejan arrastrar por sus pasiones. Bolívar se distancia cada vez más del vicepresidente de la República, Francisco de Paula Santander, quien desde Bogotá le hace una oposición despiadada. Una Convención reunida en Ocaña se disuelve sin haber logrado reorganizar la República, pues los diversos partidos están en total desacuerdo.

Bolívar, aclamado dictador en Bogotá, acepta el mando para tratar de salvar su obra, y es víctima allí de un atentado contra su vida, el 25 de septiembre de 1828. Su sangre fría, el valor de los edecanes, y la presencia de espíritu de Manuela Sáenz le salvan la vida en tan triste ocasión.

Poco después, ha de ponerse en campaña para enfrentar la invasión de los peruanos en el sur de la República y permanece en el Ecuador durante casi todo el año de 1829. En su ausencia, el Consejo de Ministros proyecta establecer una monarquía en Colombia, pero Bolívar rechaza con energía toda insinuación al respecto, y reitera su antigua divisa: "Libertador o muerto".

A comienzos de 1830 está de nuevo en Bogotá para instalar el Congreso Constituyente que se espera podrá salvar la unidad de la Gran República. Pero Venezuela se agita de nuevo, y se proclama Estado Independiente. La oposición crece y se fortalece en todas partes. Bolívar, enfermo y agotado, renuncia a la Presidencia y marcha a la costa con el propósito de viajar a Europa. El asesinato en Berruecos del General Sucre, quien hubiese podido ser el continuador de su obra, y el rechazo de quienes entonces gobiernan en Venezuela, le afectan profundamente.

La muerte, misericordiosa, le sorprende en San Pedro Alejandrino, una hacienda cercana a Santa Marta, el 17 de diciembre de 1830. Su última proclama, firmada el día 10, después de haber recibido los auxilios espirituales de un sacerdote, es un elocuente testimonio de su grandeza, de su desprendimiento y de la rectitud de su espíritu. Es, también, y sobre todo, un legado donde señala rumbos hacia el futuro.

CONCLUSIÓN

Como ya nos dimos cuenta, a Bolívar le quedan muy cortos las paginas de este informe, ya que la acción de Bolívar, el legado que él le deja, no solo a los venezolanos, sino a todos las personas que apoyan la libertad, el estado de derecho y la justicia; es muy grande y realista; además que se adapta a cualquier país, ambiente o división administrativa la hacen valedera para aplicar un buen sistema político, eso hace que el discurso político y de libertad de Bolívar lo hacen universal y a la vez atemporal.

La vida de Bolívar que lo hacen conocer "El Libertador" se concentra en un tiempo relativamente corto, pero para él fue conveniente para realizar esa gran cantidad de Decretos, Manifiestos, Comunicados, Cartas y otros documentos de importancia; además de las batallas que enfrento, y la gran actuación que tuvo Bolívar como reformador social y como conservacionista.

La verdad que Bolívar es un ser humano excepcional ya que pudo tener suficiente tiempo y talento para poder dedicarse a cualquier aspecto de la vida nacional y andina (Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Panamá) en la educación, en las leyes, en la opinión publica, en los derechos civiles y hasta en lo relacionado al ambiente y el conservacionismo.

Todo ese "talento", que poseía Bolívar se lo debe en mas de un 99,9% a la educación, a la instrucción y a toda su formación física y sicológica que obtuvo en ese periodo de su vida conformado desde su nacimiento hasta (1783) hasta su entrada en las filas militares (1799). Y esto puede servir de ejemplo a un país, a un pueblo para que se dedique a la formación educacional de sus comunidades para, así como Bolívar, puedan ser libertadores de un pueblo, Libertadores de un País.

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